miércoles, 22 de octubre de 2025

Los cuerpos de fuego...

Nací en un mundo de espejos,
donde las sombras llevan nombres
y las luces tienen dueño.
Me vistieron de norma,
me peinaron con culpa,
me enseñaron a caber
en un molde hecho de dudas.
Las calles murmuran juicios
como plegarias invertidas,
y cada mirada pesa
como piedra en una herida.
Quisieron domar mi cuerpo,
hacer de mi mente un rezo mudo,
encerrarme en jaulas de "deber ser"
mientras mi alma ardía en su propio humo.
Pero no sabían
que dentro llevo un incendio,
que mis huesos guardan relámpagos
y mis venas, un juramento.
Soy el grito que no callaron,
la herejía de los espejos,
la flor que crece entre el asfalto
sin pedir permiso al invierno.
Porque no hay pecado en ser fuego,
ni en danzar con la tormenta,
solo lo hay en quienes temen
lo que no entienden,
y lo condenan.
Así camino —desnuda de máscaras—,
con cicatrices que brillan,
con pensamientos que florecen,
y con un corazón que no se inclina.